miércoles, 24 de noviembre de 2010

He decidido retirar de mi vocabulario el término perfección.

La perfección desde mi óptica es algo que no existe, nunca serás capaz de encontrar en la vida algo, animal o cosa que cumpla con los estándares de la perfección en pleno conocimiento de su definición; partiendo del hecho que la perfección como tal se asemeja a la belleza; como término relativo (depende del observador ante el que se presente).

La perfección es subjetiva, lo que puede ser perfecto para ti, no lo será para mí y de esa manera con cada individuo.

El ser humano juzga a priori; su amiga la imaginación se encarga de labrar estándares tan altos que impiden que nuestros ojos vean más allá de lo que nuestra mente ha estipulado. No nos permitimos explorar, conocer, descubrir, aprender. Estamos atados de manos y pies a cadenas imaginarias creadas por nuestra necesidad de controlar todo, por los pre-conceptos inculcados por las tendencias de la sociedad.

Hasta que rompamos las cadenas de prejuicios que no nos permiten disfrutar de la vida como regalo perfecto y divino, no encuentro prudente el utilizar un término tan complicado como perfección. Hasta que no se comprenda que lo perfecto nace de lo imperfecto y único que es cada pequeña partícula en o sobre la tierra, no lograremos ganarnos el derecho a utilizar ese término. Porque no se utiliza lo que no se sabe y no se sabe lo que no se conoce… aprendamos a mirar con los ojos del alma, las cosas que no se nos revelan a los ojos de la razón.

lunes, 8 de noviembre de 2010

-No Title-

El corazón vive más allá de los pensamientos racionales, en un mundo en donde la única ley que vale es el todo vale. No me malinterpreten, no es un todo vale al estilo Maquiavelo, es la certeza de que no hay esfuerzo muy pobre o muy débil que no realices con tal de lograr los sueños del corazón. Hay una frase popular que suena muy a menudo “el corazón quiere lo que quiere el corazón”, en realidad no existe mejor manera de explicarlo, ese órgano caprichoso (entiéndase corazón como el lugar en donde habitan los sentimientos, no en el sentido literal del término), que generalmente nos causa más penas que alegrías, tiene la certeza que le da la sabiduría de comprender que no hay razón más fuerte que la búsqueda del amor. El sentido de la vida encuentra su lugar cuando entiendes lo que significa amar. No existen éxtasis más supremo o droga más adictiva que el sentir la respiración del ser amado. Quien encuentra el amor, encuentra la paz en brazos del qué le hace soñar.